Actualizado: 2026-09-09
Si hay un mes que condensa la humedad barcelonesa, ese es octubre. Con una humedad relativa media de 74,9 por ciento, octubre se corona como el mes más húmedo del año en la estación Fabra. Le sigue septiembre con 73,6. En el extremo opuesto, junio y julio comparten el título de meses más secos, ambos con 65,8 por ciento de humedad media.
La diferencia entre el mes más húmedo y el más seco es de apenas 9,1 puntos: la humedad en Barcelona se mantiene notablemente estable a lo largo del año, con variaciones suaves que rara vez sacan el ambiente de la franja 65-75 por ciento.
La humedad relativa mide cuánto vapor de agua hay en el aire en relación con el máximo que podría contener a esa temperatura. En una ciudad mediterránea como Barcelona, este valor condiciona la sensación térmica: con humedad alta, el calor aprieta más en verano y el frío cala más en invierno. Por eso, saber cómo se comporta mes a mes ayuda a planificar desde una visita turística hasta una mudanza.
Los datos que presentamos aquí provienen de la serie histórica de la estación meteorológica de Barcelona-Fabra, que la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) opera en el Observatorio Fabra, en la ladera de Collserola. La serie analizada arranca el 5 de noviembre de 1976 y llega hasta el 31 de julio de 2026, medio siglo de registros que permiten hablar con solvencia del comportamiento atmosférico de la ciudad.
El patrón que dibuja la humedad en Barcelona es el típico de un clima mediterráneo litoral, pero con un matiz: el valle que forman los meses húmedos se sitúa al final del verano y en otoño, no en invierno. Octubre es el pico con 74,9 y septiembre le sigue de cerca con 73,6. Noviembre baja a 71,2 y diciembre se queda en 68,9. A partir de ahí, la humedad se mantiene en una meseta invernal: enero y febrero, ambos con 68,0, y marzo con 68,9.
La primavera no trae grandes cambios: abril marca 68,1 y mayo 67,9. La bajada más clara se produce en junio, con 65,8, que es el valor más bajo del año junto con julio, también en 65,8. Agosto inicia la remontada con 69,1, anticipando el regreso otoñal de la humedad.
Estos valores medios ocultan una realidad importante: la humedad relativa es un promedio diario que combina las horas de máxima temperatura, cuando el aire se seca, con las horas nocturnas, cuando la humedad se dispara. En el observatorio Fabra, situado a 411 metros de altitud, los valores suelen ser algo más frescos y húmedos que en el centro de la ciudad, donde el calor urbano seca el ambiente.
| Mes | Humedad relativa media (%) |
|---|---|
| Enero | 68,0 |
| Febrero | 68,0 |
| Marzo | 68,9 |
| Abril | 68,1 |
| Mayo | 67,9 |
| Junio | 65,8 |
| Julio | 65,8 |
| Agosto | 69,1 |
| Septiembre | 73,6 |
| Octubre | 74,9 |
| Noviembre | 71,2 |
| Diciembre | 68,9 |
La humedad media no lo cuenta todo. Hay un fenómeno más agresivo que los barceloneses conocen bien: el bochorno. Se produce cuando la temperatura máxima alcanza o supera los 28 grados y, al mismo tiempo, la humedad relativa media es igual o mayor al 60 por ciento. En esas condiciones, el cuerpo suda pero el sudor no se evapora con facilidad, y la sensación térmica se dispara muy por encima de lo que marca el termómetro.
Los datos de la serie Fabra muestran que el bochorno es un fenómeno estival por excelencia, pero con una extensión sorprendente:
Estos seis meses concentran todo el bochorno del año. De noviembre a abril, el fenómeno no se registra en la serie: las temperaturas máximas no alcanzan el umbral de los 28 grados o la humedad media no llega al 60 por ciento, o ambas cosas a la vez.
Curiosamente, la relación entre humedad media y bochorno no es directa. Junio y julio son los meses con menor humedad media (65,8), pero julio es el segundo mes con más días de bochorno (12,2). La clave está en las temperaturas elevadas: aunque el aire sea comparativamente más seco, el calor intenso combinado con esa humedad del 65,8 por ciento ya resulta sofocante. Agosto, en cambio, suma a sus temperaturas altas una humedad mayor (69,1), y por eso se lleva la palma con 14,2 días de bochorno.
El cliché de que el otoño es la estación húmeda por excelencia se cumple en Barcelona a rajatabla. Los tres meses de septiembre a noviembre son los más húmedos del año: 73,6, 74,9 y 71,2 respectivamente. No es casualidad: el mar Mediterráneo, que ha acumulado calor durante todo el verano, empieza a ceder esa energía a la atmósfera, cargando el aire de vapor de agua. A esto se suma la llegada de las primeras borrascas atlánticas y las típicas tormentas de final de verano y principio de otoño, que disparan la humedad.
El contraste con el estío es notable. Julio, con 65,8, es el mes más seco del año junto a junio. La masa de aire cálido y seco que domina el Mediterráneo occidental en pleno verano reduce eficazmente la humedad relativa. Aunque el agua del mar está cálida, el aire continentalizado que llega del interior de la Península en julio es mucho más seco que el aire marítimo otoñal.
Lejos de lo que podría esperarse, el invierno barcelonés no es especialmente húmedo en términos relativos. Enero y febrero marcan ambos 68,0, y diciembre se queda en 68,9. Son valores moderados, por debajo de los otoñales. La razón es que el aire frío puede contener menos vapor de agua que el aire cálido, así que aunque llueva o el ambiente esté cargado, la humedad relativa media del invierno se mantiene en una franja templada.
Esta es una de las peculiaridades del clima mediterráneo litoral: la humedad no sigue un patrón inverso a la temperatura, sino que responde a la dinámica de las masas de aire y al estado del mar. Barcelona no es una ciudad de nieblas invernales persistentes ni de sequedad extrema en verano; su atmósfera se mueve en un rango de humedad sorprendentemente estrecho.
Si hay una conclusión clara de esta serie de 50 años, es que la humedad en Barcelona es estable, pero no monótona. La amplitud total entre el mes más húmedo (octubre, 74,9) y el más seco (junio y julio, 65,8) es de solo 9,1 puntos porcentuales, una horquilla muy contenida para un clima mediterráneo. Ciudades como Madrid o Sevilla muestran variaciones mucho más bruscas entre inviernos húmedos y veranos secos.
Eso no significa que la humedad no se note: los 14,2 días de bochorno de agosto marcan la diferencia entre un paseo agradable y una tarde agotadora. Y los 74,9 de octubre, combinados con las lluvias otoñales, definen esa sensación de aire denso y marítimo que envuelve la ciudad en otoño. Para el visitante, la recomendación práctica es clara: si se busca el aire más ligero, junio y julio son los meses; si se quiere experimentar el ambiente más cargado y mediterráneo, octubre es el mes.
Fuente: AEMET — Agencia Estatal de Meteorología. Estación de Barcelona-Fabra. Periodo de datos: 1976-2026. Última actualización de datos: 2026-07-31.
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