Actualizado: 2026-06-24
¿Qué es una ola de calor? En meteorología, se define como una racha de al menos tres días consecutivos en los que la temperatura máxima supera un umbral extremo (33 °C en este análisis). En España, este fenómeno no es nuevo, pero la frecuencia con la que lo sufrimos varía enormemente según la región. El dato más llamativo de nuestro registro histórico (1920-2026) es que Sevilla y Badajoz encabezan la clasificación nacional con un promedio de 7,05 y 7,02 olas de calor al año por estación, respectivamente. Son las provincias donde el calor extremo se ha instalado como una constante.
Una ola de calor es un episodio de temperaturas anormalmente altas que se mantiene durante varios días y que afecta a una extensa zona geográfica. Para que se considere como tal, no basta con un día aislado de calor intenso: se requiere que la temperatura máxima supere un umbral determinado (en este análisis, 33 °C) durante al menos tres jornadas consecutivas.
El mecanismo meteorológico que las provoca suele estar asociado a la presencia de un anticiclón estancado que actúa como una burbuja de aire caliente. En España, este fenómeno se ve potenciado por la llegada de masas de aire sahariano o por la configuración de una dorsal anticiclónica que impide la entrada de frentes fríos. Durante los meses de julio y agosto, el calentamiento del suelo y la falta de nubes disparan las temperaturas, especialmente en el interior y el sur peninsular. Además, el cambio climático está haciendo que estas olas sean más frecuentes, intensas y duraderas, como refleja la tendencia de las últimas décadas.
El mapa del calor extremo en España dibuja una diagonal que va desde el suroeste hasta el centro-este, dejando fuera a las costas cantábrica y mediterránea. El valle del Guadalquivir, el oeste de Extremadura y La Mancha son las zonas que registran un mayor número de olas de calor por año. A continuación, las 15 provincias con el promedio anual más alto, según los datos históricos de AEMET procesados por Histoclima:
| Provincia | Promedio anual de olas de calor por estación |
|---|---|
| SEVILLA | 7,05 |
| BADAJOZ | 7,02 |
| CORDOBA | 6,70 |
| CACERES | 6,06 |
| HUELVA | 6,04 |
| CIUDAD REAL | 6,03 |
| JAEN | 5,84 |
| TOLEDO | 5,48 |
| ALBACETE | 5,04 |
| ZARAGOZA | 4,74 |
| GRANADA | 4,51 |
| CUENCA | 4,45 |
| MURCIA | 4,43 |
| MADRID | 4,33 |
| CADIZ | 3,85 |
El contraste es evidente: mientras que Sevilla y Badajoz superan las 7 olas de calor anuales de media, provincias como Cádiz se quedan en 3,85, menos de la mitad. La costa atlántica andaluza, Cádiz, es un claro ejemplo de cómo el mar modera las temperaturas extremas. En el lado opuesto, las provincias del interior y del valle del Guadalquivir son las más castigadas, seguidas de cerca por las de La Mancha y el valle del Ebro (Zaragoza).
El análisis por décadas desde 1960 revela una tendencia creciente, aunque con oscilaciones. Los datos, normalizados por número de estaciones activas para evitar sesgos, muestran cómo el calor extremo se ha ido instalando de forma progresiva. La tabla siguiente recoge la tasa de olas de calor por estación en cada década:
| Década | Tasa de olas de calor por estación |
|---|---|
| 1960-1969 | 0,3125 |
| 1970-1979 | 0,4069 |
| 1980-1989 | 0,2448 |
| 1990-1999 | 0,3071 |
| 2000-2009 | 0,1756 |
| 2010-2019 | 0,3093 |
| 2020-2029 | 0,1077 |
Los valores más altos se dan en la década de 1970-1979, con 0,4069 olas de calor por estación, seguida de 2010-2019 con 0,3093. Sin embargo, el dato de la década de 2020-2029 (0,1077) debe tomarse con cautela, ya que solo incluye los años 2020 a 2026 y no refleja la década completa. Lo que sí es significativo es que, a pesar de las fluctuaciones, la frecuencia media se ha mantenido por encima de 0,3 en varias décadas recientes, lo que indica que el calor extremo no es algo excepcional, sino una constante en la España del siglo XXI.
Las olas de calor no son solo un dato meteorológico. Tienen consecuencias directas sobre nuestro bienestar. El impacto más inmediato es el golpe de calor, que puede ser mortal si no se actúa a tiempo. Pero también aumentan las hospitalizaciones por enfermedades cardiovasculares y respiratorias, especialmente entre personas mayores y niños. El calor extremo altera el sueño, reduce el rendimiento laboral y escolar, y dispara el consumo de energía eléctrica por el uso de aire acondicionado. En el campo, las olas de calor aceleran la evaporación del agua, agravan la sequía y reducen la producción agrícola. En las ciudades, el efecto «isla de calor» hace que las temperaturas sean aún más altas durante la noche, impidiendo que el cuerpo se recupere del estrés térmico diurno. Por todo ello, conocer la frecuencia histórica de estos episodios nos ayuda a prepararnos mejor para lo que viene.
Los datos que presentamos aquí son una visión nacional, pero el calor extremo no se distribuye de manera uniforme. Si quieres saber cuántas olas de calor ha sufrido una localidad concreta, cuál ha sido la tendencia en tu provincia o cómo se compara con la media nacional, puedes consultar las fichas detalladas de cada estación meteorológica en Histoclima. Todos los datos proceden de la red de estaciones de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), procesados con criterios homogéneos para ofrecerte una serie histórica fiable desde 1920 hasta la actualidad.
Fuente: Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Datos procesados por Histoclima para el periodo 1920-2026. El análisis utiliza el umbral de 33 °C durante al menos 3 días consecutivos para definir una ola de calor.
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